20210609

Esta columna de opinión trae una perspectiva muy interesante sobre el dilema de la moderación de discurso de odio y violencia en las plataformas sociales: a lo mejor deberíamos dejar de juzgar las publicaciones exclusivamente por su contenido, y fijarnos también en las respuestas que generan, y las consecuencias (y violencia) materiales que estas respuestas provocan.

Bajo esa perspectiva, asuntos como si el ataque al Capitolio fue instigado por Trump a principios de este año igual no son tan “complejos”: “If social media company staffers had been analyzing responses to Trump’s tweets and posts in the weeks before the Jan. 6 attack on the Capitol, they would have seen concrete plans for mayhem taking shape, and they could have taken action when Trump was still inciting violence, instead of after it occurred. (…) To better prevent extremist violence, the companies should start by building software to look for certain kinds of shifts in responses to the posts of powerful figures around the world. They should concentrate on account holders who purvey and attract vitriol in equal measure — politicians, clerics, media celebs, sidekicks who post snark and slander on behalf of their bosses, and QAnon types.”

Si, como yo, no tenéis tantas ganas de volver a la vida normal pre-pandemia como tiene el resto de gente  no es que os hayáis vuelto un poco agorafóbicos: quizá la constante e hiper-acelerada rueda de hámster que teníamos asumida como nuestra “vida normal” tampoco era para tirar cohetes: “Quarantine has given us all time and solitude to think—a risk for any individual, and a threat to any status quo. People have gotten to have the experience—some of them for the first time in their life—of being left alone, a luxury usually unavailable even to the wealthy. Relieved of the deforming crush of financial fear, and of the world’s battering demands and expectations, people’s personalities have started to assume their true shape. And a lot of them don’t want to return to wasting their days in purgatorial commutes, to the fluorescent lights and dress codes and middle-school politics of the office. Service personnel are apparently ungrateful for the opportunity to get paid not enough to live on by employers who have demonstrated they don’t care whether their workers live or die. More and more people have noticed that some of the basic American axioms—that hard work is a virtue, productivity is an end in itself—are horseshit.”

Las localización de las ojivas nucleares que USA almacena en bases militares Europeas es un secreto, y las medidas de seguridad y protocolos alrededor de ellas están diseñados para proveer la máxima seguridad. Pero claro, si para memorizar los complejos protocolos de seguridad el personal de las bases recurre a apps de “flashcards” (tarjetas de preguntas y respuestas para memorizar vocabulario mientras aprendemos idiomas), y el contenido de muchas de estas “flashcards” es fácilmente buscable con Google, pues ya tenemos el lío asegurado. Vayan cogiendo las palomitas, porque en este artículo encontraréis muchos detalles “divertidos” sobre el asunto.

¿Cómo es posible que estando en el momento de la historia con mayor acceso a información, datos, y evidencias, tenemos gente que cree firmemente en fantasías como QAnon, Pizzagate, o el Terraplanismo? Como se comenta en este artículo, uno de las causas reside en que la mayor parte del tiempo no percibimos la realidad en sí, si no una construcción mental que la representa, y que demasiado alegremente confundimos representación con la realidad objetiva: “El peligro radica, sin embargo, en hacer de nuestras percepciones una interpretación monolítica. «Las personas percibimos la realidad de forma subjetiva, pero pensamos que nuestra interpretación es objetiva. Creemos que percibimos la realidad, cuando lo que hacemos es percibir una determinada interpretación de la realidad. Si no se reconoce que cada persona puede tener un punto de vista diferente se llega al punto de que la única realidad posible es la mía y a la acusación de que el otro no tiene razón. Esto lleva a la intolerancia», defiende Castro. (…)  Cuanto más compleja es la realidad que queremos describir, más complejo será el modelo de realidad y, por ende, más posibilidades tendrá de ser incorrecto. Un modelo de realidad incorrecto es lo que da lugar a sesgos cognitivos, como pensar que una persona negra es más peligrosa que un blanco o sobreestimar la posibilidad de ganar la lotería. Estas realidades son muy complicadas y nuestro cerebro intenta describirlas con unos recursos limitados, dando lugar a sesgos», explica Moreno.”

¿Sabías que la primera generación de telefonía móvil era analógica, que actualmente su infraestructura se puede simular a baja escala por software, y que se oye todo sorprendentemente bien?

El primer episodio de esta serie de ciencia-ficción autoproducida (y financiada por Patreon) es una verdadera maravilla. ¡Ojalá vaya bien y podamos ver muchos más episodios!

Esta especie de estereogramas analógico-digitales que crea Marija Tiurina también son una maravilla muy fuerte. No os perdáis el video en el que la artista muestra el proceso.

Desde Enero le tengo echado el ojo a Mork Borg, un juego de rol vieja escuela de estética doom-black-metal con un apartado gráfico alucinante. Me prometí a mí mismo no comprarlo sin antes terminar de dirigir una mini-campaña online de Cyberpunk RED a unos amigos, la cual finalizó hace poco. Ahora que ya está hecho el pedido, espero pacientemente escuchando este interesante álbum inspirado en el juego, y también investigando sobre la locura del dungeon synth.


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