20210310

La presentación del Neuralink por parte de Elon Musk la semana pasada ha tenido, como siempre, más teatro que ciencia. En este artículo, varios experots en neurociencia resaltan que la tecnología existe desde hace años, y que las prestaciones del prototipo de implante neuronal de Musk son bastante inferiores a productos que llevan en el mercado desde 2013.

En el artículo también se puede descubrir que buena parte de los “avances” probados en cerdos y mostrados por Musk simplemente reproducen los desarrollados por el neurofisiólogo español José Delgado en ¡1965!, con un implante similar probado con toros de lidia (muy castizo todo). Esta tecnología lleva desde entonces evidenciando diversas limitaciones: es hasta cierto punto sencillo “intervenir” funciones motoras, pero las afirmaciones de Musk de que el Neuralink podrá usarse para tratar depresión o desórdenes cognitivos son, como mínimo, muy cuestionables.

Como se apunta muy acertadamente en el artículo, quizá esta apuesta por los neuroimplantes tenga que ver más con la “economía de los datos” que con “mejorar” el cuerpo humano: “Some authors argue, then, that the data economy should be understood as a new permutation of capitalism in which data itself is not a commodity, but capital—that is, something capitalists want to own because it generates value through relations of exploitation. (..) While the device does not represent a major advance in brain-machine interfaces, and the pipeline for applications beyond movement disorders is at best decades long, what Neuralink does offer is an opportunity to harvest data about the brain and couple it to the kinds of data about our choices and behaviors that are already being collected all the time. The device is best understood not as a rupture with the past, but as an intensification of the forms of surveillance and data accumulation that have come to define our everyday lives.”

Y hablando de capital, la última moda en inversión son los NFT’s (non-fungible tokens): es decir, el coleccionismo de la “copia original” de un recurso digital verificada mediante blockchain, que puede ser simplemente una imagen o incluso un tuit. La “copia original” de una imagen ligeramente personalizada del famoso meme NyanCat ha llegado a vender por la friolera de 600,000 dólares.

Leyendo el artículo, no sé muy bien si estamos ante una evolución del concepto “obra original”, o de una nueva burbuja de inversión: “Duncan, who has spent $80,000 buying art on the site, displays his purchases on three monitors in his apartment. The works have appreciated in value, but he hasn’t sold much. “I’ll just hold on to it for the rest of my life and maybe pass it down to my kids,” he said. “Or do what art collectors do and auction it off at the end of my life.””

El verdadero problema viene cuando no hay restricciones para que cualquiera “tokenize” una obra y la añade a su wallet de ethereum (para su futura especulación en este mercado), independientemente de que haya creado esa obra o no. Sobre todo cuando se puede hacer con una simple reply de twitter. Os recomiendo bloquear en twitter la cuenta @tokenizedtweets: independientemente de si las cosas que hayáis publicado en twitter puedan tener valor o no en el mercado de NFTs, nadie que no seáis vosotros debería especular con ellas.

En este mini-reportaje se muestran formas de innovación tecnológica que se están desplegando en Tokyo y que, a diferencia de los anteriormente comentados Neuralink y al mercado de NFTs, sí que aportan soluciones reales a problemas reales surgidos durante la crisis pandémica. Unos pueden ser tan de cajón como lavamanos portátiles y que se auto-desinfectan, o tan interesantes como el uso de robots teledirigidos para re-construir intimidad social, o para no exponer a empleados de supermercados a más riesgos de los necesarios.

Cuando usamos el términos “transición ecológica”, creo que corremos el riesgo de estar camuflando realidades más duras y evitar decir explícitamente que el decrecimiento es la unica estrategia a medio plazo (¡o quizá a corto!) con la que vamos a poder sobrevivir: “La tragedia es que, mientras confundimos transición ecológica con paneles solares y coches eléctricos, seguimos sin tener un debate abierto y profundo sobre nuestro destino. De acuerdo, ponemos en marcha el tren de la transición ecológica: ¿adónde nos dirigimos? ¿A un decrecimiento ordenado que sea capaz de evitar el colapso? ¿A una economía del Estado estacionario? ¿A un nuevo capitalismo verde, igual de voraz pero mejor maquillado y con certificación ecológica? ¿A un ecosocialismo heredero de las utopías del siglo XIX? ¿A seguir haciendo equilibrismos -económicos, ecosistémicos y termodinámicos- esperando que no se nos desmorone el tinglado?” 

Este artículo me parece ORO puro. Vamos por partes: Frank Herbert escribió una de las obras claves de ciencia-ficción del siglo XX, en muchos aspectos muy contracultural (y en otros aspectos, algo reaccionaria), con la sana intención de prevenir de los peligros de depositar la dirección de nuestra sociedad en líderes mesiánicos, o en individuos en general (“los superhéroes son desastrosos para la humanidad”, llegaría a escribir).

Sin embargo, siempre he pensado que, hasta cierto punto, a Herbert le salió el tiro con la culata en esto con Dune. Al convertir en protagonista al gran “salvador blanco” que es Atreides, y al construir un mundo profundamente feudal y oligárquico con el que “los buenos” nunca llegan a romper del todo, deja demasiado fácil el mailnterpretar sátira por admiración, que es justamente lo que hace la extrema derecha con la novela: “Here we see that the alt-right is organized around a fan practice as well as an ideology. They build their fascist utopias by appropriating, remixing, and reinterpreting science fiction and fantasy texts. From Gamergate to the Hugo Awards controversy, geek fascists struggle to make inroads into fan culture. The alt-right fights so hard over these genres because they want to lay claim to imagination’s potential to transcend the here and now.”

En otro orden de cosas, quizá el futuro no eran imperios galácticos, sino poder jugar a una consola sosteniendo un plátano en la mano.

Aunque, bueno, ¿quien necesita un plátano cuando puede jugar al tetris en los displays del aeropuerto?

Desde la pandemia parece increíble ver a toda esa gente junta en 2019, aunque es natural que fuera para ver este conciertazo de Pertubator: el maestro del black-synthwave  y su despliegue musical no se merecen menos.


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