20200603

Esta semana Donald Trump ha conseguido, sin duda, llegar a cotas nuevas de chaladura y sociopatía. Tras el horroroso asesinato de George Boyd por parte de cuatro policías de Minneapolis (un asesinato más en una lista de cientos de casos similares de abuso policial), y las protestas que le siguieron, Trump no tardó en usar su juguete preferido (Twitter) para sugerir masacres de manifestantes. “When the looting starts, the shooting starts”, nada más y nada menos.

Twitter, por fin, ha tomado medidas y ha comenzado a restringir parcialmente algunos de los tweets de Trump por glorificar la violencia contra los manifestantes o difundir bulos sobre el voto por correo. Mark Zuckerberg, por su parte, dice que en Facebook no tienen ningún problema con los posts de Trump. Ante la posición de Facebook respecto a esto, 400 de sus empleados han protestado.

En fin, en el artículo de The Atlantic lo explican todo mejor. Sólo me gustaría que, si estás leyendo esto y quieres ayudar a Black Lives Matter, visites , o

Como decíamos, a ese niño-hombre que es Trump no le ha gustado nada que no le dejen usar Twitter como su juguete personal, ya que no está acostumbrado a que propagar bulos e incitar a la violencia sean cosas que puedan tener consecuencias.

Afortunadamente, la orden ejecutiva que lanzó la semana pasada tiene pocas posibilidades de sobrevivir a los tribunales, pero en este artículo de The Verge explican las delirantes medidas, que con el pretexto de la “libertad de expresión” (más bien la libertad de bulo), podrían resultar en un Internet mucho peor si finalmente son aprobadas.

En las nuevas escenas de esto-ya-no-es-ciencia-ficción que nos trae el día a día de la pandemia, esta graduación virtual con “robots” en Filipinas ha dado lugar a varias imágenes fascinantes e inquietantes (justo lo que nos gusta en esta recopilación).

En la novela de ciencia-ficción “The Fat Years”, de Chan Koonchung, China atraviesa una crisis social y financiera de la que nadie se acuerda dos años después. En este artículo se hila esta distopía literaria con el hecho (en buena parte alentado por el gobierno chino) de que la sociedad China parezca estar olvidando el brote de Covid con sorprendente rapidez, cuando todo apunta a que este primer brote no ha sido más que la primera etapa de algo más duradero.

Nuestro Santo Patrón habla en esta entrevista sobre un futuro cercano que quizá ya comenzamos a experimentar: “There’s never been a culture that had a mythos of apocalypse in which the apocalypse was a multi-causal, longterm event. (..) “But if we are in fact facing an apocalypse,” he continues, getting now into the swing of this particular riff, “that’s the sort we’re facing. And I think that that may be what makes it so difficult for us to get our heads around what’s happening to us.”

La capacidad de hacer deepfakes es, sin duda, un gran logro técnico, pero también apunta a consecuencias serias. Entre ellas, que puede hacer desaparecer la validez del vídeo como prueba legal y documental. Hasta ahora, los deepfakes son más o menos obvios porque los “fakeados” son celebridades o personajes de la actualidad, o actores rejuvenecidos en películas. ¿Pero qué ocurrirá si cualquiera de nosotros puede ser situado en cualquier parte, haciendo cualquier cosa?

En otro orden más ligero de cosas, puede que compartir cena por Zoom o Skype esté más cerca de lo que pensamos.

Estas foto-ficciones de Estados Unidos hechas a base de Drones y Photoshop son de las cosas más chulas que he visto esta semana.

Paradise Cop es el nuevo proyecto musical de Axel Casas (al que seguramente conozcáis por sus surrealistas producciones de humor en youtube), y suena a mandanga Vaporwave de la buena.


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