20200218

Por supuesto, cómo no íbamos a abrir con EL MONOTEMA. Es evidente que la pandemia y las medidas de contención para combatirla van a tener un severo efecto económico, pero va a ser mucho más grave porque ya traemos de antes una recesión económica a punto de suceeder. Tipos de interés negativos estirados durante años que no reflejan el riesgo financiero real, industria estancada, y muchísimas pymes yendo al mes (o a la semana) sin ningún fondo de maniobra ante imprevistos como el que vivimos.

Y si bien pienso que nadie la deseaba, esta crisis de la pandemia es bastante ventajosa para los que construyen la narrativa oficial: “Muy probablemente el coronavirus no es el único responsable de las caídas en las bolsas, como se dice, ni de una economía capitalista desacelerada, con las ganancias de las corporaciones y la inversión industrial estancadas, sino que es la chispa de una crisis económica pospuesta donde la mala salud de la economía es muy anterior a la epidemia.”

En este artículo también se apunta otro aspecto muy interesante de esta crisis, y que es muy característico de nuestra década: las conspiranoias. Las relacionadas con el virus (se creó en un laboratorio, el gobierno ya lo sabía y lo dejó pasar, etc, etc) nos resultan reconfortantes porque nos mantienen en la ilusión de que tenemos totalmente controlada la naturaleza, las enfermedades, las contingencias, y en fin, la muerte. Y no es cierto: somos mucho más frágiles de lo que pensamos.

Quizá, lo mejor es asumirlo: “Nadie –digamos– quiere contagiarse y es lógico; pero se trataría más bien de reivindicar el contagio, de usar el contagio a nuestro favor, de asumir el contagio, al igual que los médicos y sanitarios, como alternativa a un orden abstracto, muy vulnerable a la contingencia, que se pretende libre de límites: de muerte, de dolor, de sacrificio y hasta de aventuras.”

Y por otra parte, también en fijarnos que: “Ocurre que desde que existe el Covid-19 ya no se muere nadie. De hecho ocurre que no ocurre nada. Ya no hay infartos ni dengue ni cáncer ni otras gripes ni bombardeos ni refugiados ni terrorismo ni nada. Ya no hay, desde luego, cambio climático, pese a que sería muy fácil y muy útil asociar pedagógicamente la multiplicación de los virus al acoso capitalista de la Naturaleza; e incluso aprovechar este parón para cuestionar el modelo.”

En ese “ya no ocurre nada que no sea covid”, esta semana pasada ocurrió que Harvey Weinstein fue condenado a 23 años de carcel por violación. En esta entrevista con Rose McGowan (una de las impulsoras de #MeToo) previa a la sentencia final, podemos aprender lo que ha significado el movimiento, y como es vivir (y sobrevivir) a violadores como Weinstein y a toda la maquinaria bien engrasada que le daba soporte.

Casey Newton tiene una newsletter/columna periodística y recopilación de contenido mucho mejor que esta, y que se llama “The Interface”. En la columna que abre a la newsletter de esta semana, Casey reflexiona sobre el desafío al que se enfrentan las redes sociales en este confinamiento forzoso: ¿nos hacen “conectar” realmente con otras personas?: “Still, I continue to feel like every social product has a lot more that they can do here. Mitigating the spread of misinformation, and taking steps to intervene directly in the crisis, have been welcome moves. But the period of social isolation that is now crashing down on America will offer a new kind of test for our social networks.”

Beatriz Serrano (una de mis periodistas y columnistas favoritas) ha vuelto a escribir, y nos cuenta un remedio inspirado en Marcel Proust para intentar encontrar pequeños espacios de felicidad en cualquier parte (incluido nuestro confinamiento).

Bruce Sterling, otro de los padrinos del Cyberpunk, publicó la versión en inglés de este relato corto hace poco (la original era en italiano, bajo su alias Bruno Argento). Convenientemente, comienza con una cuarentena en una isla tras una pandemia bastante más grave que la que sufrimos. Pero es mucho más, y sobre todo contiene una referencia preciosa a otra recopilación de relatos cortos clásica, que sólo he pillado casi al final (no digo nada para no hacer spoilers).

Elegí para la recopilación estas fotos de Finlandia, inspiradas en el fenómeno UFO de los 60, antes del Estado de Alarma. Pero dentro de nada, nuestras calles van a pintar igual.

No tengo claro si esto es muy guay o si es la metáfora definitiva de que acabamos estropeando todos los espacios naturales. ¡Quizá sea ambos!

El otro día volví a ver “Jóvenes ocultos” (peliculón). En una de las escenas iniciales aparece el epítome del Saxofonista Hortera Ochentero. Investigando un poco más, descubrí que ese señor es Tim Cappello, y que además de ser conocido por esta escena, también fue saxofonista en varios discos y giras de Tina Turner en los 80 (su mejor época), participó en el primer disco y gira en solitario de Peter Gabriel (el primer encuentro de Gabriel con uno de mis bajistas favoritos, Tony Levin), tuvo una banda en el que el batería era el batería de los Dictators, y hasta llegó a participar como actor en varios episodios de Miami Vice. ¿Por qué este señor tiene que ver con todo lo que me gusta de los 80? También podéis averiguar más sobre él y lo que anda haciendo en esta entrevista.


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