20200220

Es difícil abrir la recopilación de esta semana con un artículo más alucinante (pero cierto). Resumiendo mucho: uno de los principales proveedores tecnológicos de comunicaciones cifradas (Crypto AG), cuyos clientes eran los estados de medio mundo, fue desde los 60 una tapadera controlada por la CIA y el servicio de inteligencia de Alemania Oriental (el BND).

Durante décadas, la CIA introdujo premeditadamente vulnerabilidades en estos dispositivos, e interceptó sin mayor dificultad comunicaciones de India, Pakistan, el Vaticano, Italia, España, y numerosos países de Latinoamérica y de África. Todo esto a espaldas de la mayoría de los 200 empleados (ingenieros y comerciales) de la compañía, que poco a poco olían la tostada al encontrar vulnerabilidades en el diseño de los dispositivos y contemplaban como la cúpula se “comía” sus descubrimientos. Uno de sus agentes de venta (Hans Buehler), ignorante de que iba por el mundo vendiendo dispositivos trucados, llegó a ser detenido e interrogado durante 9 meses en Irán en el año 1992.

En fin, de película.

La reflexión de este artículo es interesantísima y muy reveladora: desde la consultoría empresarial se nos ha vendido que eliminar mandos intermedios en la estructura de las empresas las hace más eficientes. Pero si nos paramos a pensar un poco, esa estructura con muchos mandos intermedios repartía mucho más la capacidad de decisión y planificación entre los trabajadores. A día de hoy, nunca hemos tenido más desigualdad y concentración de poder (y de beneficios) en las cúpulas empresariales.

Como se dice en el artículo: “Mid-century, democratic management empowered ordinary workers and disempowered elite executives, so that a bad CEO could do little to harm a company and a good one little to help it. Today, top executives boast immense powers of command—and, as a result, capture virtually all of management’s economic returns. Whereas at mid-century a typical large-company CEO made 20 times a production worker’s income, today’s CEOs make nearly 300 times as much.”

Muy interesante columna del que fue el primer abogado de la Electronic Frontier Foundation, sobre la necesidad y significado de la libertad de expresión digital hoy en día, sobre qué cosas no se previeron (spoiler: Facebook), y a qué retos se enfrenta el activismo digital.

Temperaturas de 20ºC en la Antártida. Si esto no es crisis, no sé qué es. La verdad, poco más que decir.

Como humanos, creo que la mayoría de nosotros no quiere que la humanidad se extinga. Pero este artículo argumenta que, quizá, sí que lo queremos. Desde un punto de vista “expresivista” (donde lo importante no es lo que expresamos hablando, si no lo que expresamos con nuestras acciones), parece que estamos haciendo todo lo posible para extinguirnos.

Me he enterado esta semana de la existencia de la fallida Nintendo Playstation, una especie de híbrido que se preparó para que la SNES tuviera juegos en CD, pero al parecer el prototipo que se subasta ahora se descubrió en 2015. 

Y también he descubierto esta semana de la existencia de Snatcher: un videojuego ciberpunki de aventura gráfica que Hideo Kojima publicó en 1988, y de cual se reeditó una versión extendida y mejorada para Sega CD en 1994 (cuya intro podéis ver en el enlace). No sé si es el pixel-art, los vibes Blade Runner/Terminator, o el saxo hortera ochentero del tema musical, pero ha sido amor a primera vista.

Ya ha salido el nuevo disco de Kvelertak, Splid, y este es el corte que abre el disco. Algunas reviews lo ponen a caldo, pero a mí me parece de los mejores discos de la banda, quizá porque es dónde simultaneamente muestran más su ramalazo punk y su vena progresiva (y les queda bien). Aquí también podéis ver una versión del tema en directo televisivo.


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